En plena disputa de los octavos de final, un equipo participante decidió solicitar que el torneo organizado por A1 no mantenga su condición de liga rankeada, al denunciar reiteradas irregularidades en la aplicación del reglamento y en los estándares de integridad competitiva. El planteo apunta a modificaciones realizadas durante la competencia, eliminación de requisitos de anti-cheat y supuestas interpretaciones administrativas que habrían alterado el espíritu original de las normas.

Según el comunicado difundido por la organización afectada, antes del inicio de una de las rondas A1 resolvió que todos los equipos debían disputar los partidos sin utilizar el software de anti-cheat Akros, pese a que el propio reglamento establecía de manera explícita la obligatoriedad de jugar con Akros instalado. El artículo en cuestión señalaba que todos los jugadores debían contar con el programa correctamente configurado antes de su primer encuentro. Sin embargo, esa exigencia fue dejada sin efecto a último momento.

El punto más sensible es que, de acuerdo con la denuncia, los equipos no tenían una alternativa real para retirarse del torneo sin afrontar penalizaciones severas dentro del sistema de ranking oficial de Valve. Las opciones eran abandonar y perder una cantidad significativa de puntos en el circuito competitivo, o competir sin anti-cheat. A su vez, el torneo tampoco exigía el uso de cámaras u otros mecanismos de monitoreo que pudieran compensar la ausencia de ese sistema de control.

La organización sostiene que, tras manifestar su intención de hacer públicas estas preocupaciones, el apartado 4.5.5 del reglamento fue eliminado en una edición “en vivo” del documento oficial. Afirman contar con capturas de pantalla y registros horarios que acreditan que el texto exigía el uso obligatorio de Akros antes de ser removido. Para el equipo denunciante, modificar el reglamento en pleno desarrollo del certamen, especialmente cuando el organizador no estaría cumpliendo con sus propias normas, constituye un hecho que afecta la transparencia y la confianza.

Las controversias no se limitan al sistema anti-cheat. También se señalaron inconsistencias en la aplicación de la regla 2.5.5, vinculada a los stand-ins. En su primer partido, el equipo BRUTE presentó una alineación compuesta por The eLiVe, Siko, W4rden, Realzen y KAD1M. Posteriormente, frente a AaB Esport, utilizó a los jugadores mASKED y hfah.

El reglamento establece que cada equipo puede registrar un solo stand-in, que no debe provenir de otro equipo participante ni haber actuado como suplente en otro conjunto durante el mismo evento, además de notificar a la administración con al menos 15 minutos de antelación. Tras los cuestionamientos, la organización del torneo explicó que hfah, jugador activo anunciado en período de prueba junto a mASKED, había sido registrado a mitad del torneo como coach, lo que lo habilitaba reglamentariamente a competir.

La crítica no se dirige contra BRUTE ni contra sus jugadores, sino contra la interpretación administrativa adoptada. El argumento central es que reclasificar a un jugador activo como entrenador en medio del torneo para permitir su participación como suplente desvirtúa el límite que la norma busca imponer sobre la flexibilidad de las plantillas durante una misma fase. Además, se solicitó documentación y marcas temporales que acreditaran cuándo se realizó ese registro y quién lo autorizó, pero —según la denuncia— esa información no fue proporcionada, lo que impide verificar el cumplimiento estricto del reglamento.

Finalmente, los responsables del reclamo informaron que trasladaron estas inquietudes tanto a Valve como a HLTV, este último con potestad independiente para decidir si cubre o no el torneo. Al momento de la publicación del comunicado original, no se había recibido respuesta oficial.

El trasfondo del conflicto excede un partido puntual. La discusión gira en torno a la coherencia regulatoria, la estabilidad de las normas en medio de una competencia en curso y el impacto que estas decisiones pueden tener en la credibilidad del ecosistema competitivo, especialmente cuando se trata de eventos con incidencia en el ranking oficial.